Cenizas y huesos.


A Julio Castro.

Han vestido huesos con cenizas, pero se quitaron la ropa y están desnudos. 
Han dicho tantas veces que los vivos estaban muertos y que los muertos estaban vivos; han enterrado tantas veces los huesos con cenizas, y tantos son los huesos enterrados,que han trepado, se han quitado las cenizas y han asomado la cabeza. Y recién los primeros. 
¡No les quepa duda de que todos los huesos asomarán y todas las cenizas se esfumarán!

Anna Donner Rybak © 2011

De silencios, de palabras


A GERARDO BLEIER.


¡Exigimos su presentación con vida!

La multitud caminó en silencio

¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!

sin velas, flores, ni banderas partidarias
portando carteles con las fotos de los desaparecidos


¡No perdonamos! ¡No nos reconciliamos!

y detrás de una gigantesca pancarta con la leyenda
"Verdad y justicia, derecho de todos, responsabilidad del Estado"


¡Exigimos su presentación con vida!

¡No estamos vivos, estamos muertos!,
tan sólo somos un holograma en el bosque.


30 de agosto - Día Internacional de los Desaparecidos.
20 de mayo - Marcha del Silencio por los Desaparecidos.

Anna Donner Rybak © 2011

Porque...


Camino
vecinal,
Y ñacurutú,
24.

Luna pincela blanco,
definiendo siluetas de cerros.
Niña adolescente de blusa blanca.

Brillantina pincela plata,
confundiendo siluetas de cerros.
Hombre de impecable traje negro.

Tormenta pincela negro,
borrando siluetas de cerros.
borrando el blanco de la blusa de la niña adolescente.

El hombre de impecable traje negro,
Amparado tras connivencia con lo borrado,
observa las tranparencias de la blusa de la niña adolescente.

La niña de blusa blanca mojada transparente,
observa al hombre de impecable traje negro mojado.
El hombre de impecable traje negro mojado tiene frío.

La niña de blusa blanca mojada transparente,
observa al hombre de impecable traje negro mojado que tiene frío,
Desconcertada.

El hombre de impecable traje negro mojado que tiene frío,
observa las tranparencias de la blusa de la niña adolescente,
y un imán lo va acercando a ella.

El hombre de impecable traje negro mojado que tiene frío,
mira las tranparencias de la blusa de la niña adolescente,
y el imán lo acerca más a ella.

El hombre de impecable traje negro mojado que tiene frío,
mira por última vez las tranparencias de la blusa de la niña adolescente,
y el imán lo pega a ella.

El hombre de impecable traje negro mojado que tiene frío,
Y la niña de la blusa blanca transparente, adolescente,
Bailan Pegados.

El imán es de una aurora boreal de un círculo polar.

El hombre de impecable traje negro mojado que tiene frío,
Y la niña de la blusa blanca transparente, adolescente,
Bailan Pegados, y pegados ya no bailan.

El hombre de impecable traje negro mojado que tiene frío,
Roza la blusa blanca transparente, de la niña adolescente,
Para dormir y soñánrla semidesnuda.

La niña de la blusa blanca transparente, adolescente,
desabotona el impecable traje negro mojado del hombre que tiene frío,
mientras le dice -"No sigas vestido; yo quiero dormir y soñarte desnudo."

Anna Donner Rybak © 2011

¿Qué hacemos en este mundo de...EME?




"¿POR QUE A FACUNDO CABRAL?
¿Que hacemos en este mundo de mierda donde mueren los pacíficos en forma violenta,donde los violentos, asesinos son premiados? ¿ Que se hace con este mundo? ¿De que sirven tantos amantes de la vida y del humanismo si las bestias siguen siendo bestias?"
(Bernardo Grinspan)



¿Qué hacemos en este mundo de...EME...

  • ¿Si la INAUTENTICIDAD prevalece sobre la AUTENTICIDAD?
  • ¿Si el noventa por ciento se trata de cobardes incapaces de decidir y jugarse por determinada postura y a lo único que se animan es a quedar bien con Dios y con Lucifer?
  • ¿Si ese mismo noventa permanece instalado en el quietismo, la queja y la inacción, ya que las quejas no sirven de nada si no vienen acompañadas de PROPUESTAS?
  • ¿Si el ser.auténtico para lo único que sirve es para que te den palo?
  • ¿Si uno da por el placer de dar, y no es valorado en lo más mínimo ese dar?
  • ¿Porqué se valoran las opiniones intrascendentes, irreverentes e irrelevantes de seres que no aportaron nada ni aportan ni aportarán al mundo y a su prójimo?
  • ¿Por qué se dicen miles de mentiras piadosas y casi nadie se anima a decir la verdad dolorosa?
  • ¿Por qué se sigue permitiendo que las masas mediocres no pensantes, que al no poder ascender por carecer de algo (aunque sea una pequeña partícula) que haya hecho algo por cambiar el mundo se mueren de envidia ante los que si han logrado hacer cosas para cambiar el mundo y entonces como ellos no pueden SUBIR, el único modo posible de su ascensión es bajar a los que están más alto?
  • ¿Por qué existen seres a quienes lo único que les importa son las apariencias y el "que dirán"? (Sé que una causa es la des.inteligencia, pero no la única, ¿cuáles son las otras?)
  • ¿Por qué existen personas que se creen los dueños no solo de su mundo sino del mundo de todos, (EGÓLATRAS) que tejen una gran colcha entramada, para manipular gente por considerarla "cosa", y aún ignora que "todo el mundo" se da cuenta de lo que hacen menos ellos?
  • ¿Por qué quien te ama no se juega por estar con vos?
  • ¿Esto significa que te ama y es cobarde o que directamente NO TE AMA?
Anna Donner Rybak © 2011

285030




Perdido en la noche de los tiempos,
quizá estés escondido
tras la necesidad de contar,
no; no es un fenómeno simple.

El hastío te llevó
con las doce tribus;
ellas se conformaban
con dos palabras.

Las señales eran inminentes;
circunstancias y fechas inciertas,
un corte de caracol y una flor,
auguraban la interrupción
de aquel ciclo.

Aquel esfumado
que aparecía en el horizonte,
donde cada día
un poco más
se iban dibujando
aquellas sombras esfumadas,
lo sabía,
mas tenía la secreta esperanza
que así como se dibujaban aquelllos contornos,
podrían desdibujarse,
puesto que menos la muerte,
todo es reversible.

Una recta, y un punto.
Un antes y después de Cristo.
Una familia constituída,
y la más absoluta de las soledades,
recibiendo señales
que atravesaban el cuerpo
como el rayo laser mortífero,
no había caso,
el rayo laser se empeñaba
por cumplir aquel siniestro objetivo,
un cuerpo golpeado de radiaciones,
un cuerpo agotado,
lágrimas que se descolgaban
como las cataratas del Iguazú,
testigos de aquella garganta del diablo
que nos había petrificado.

Medio siglo terminado,
con un punto final,
anticipaban el infinito dolor,
aquel grupo se proponía borrar,
(borrar como necesidad urgente),
la Historia,
y todos sus vestigios.

Los tiranos borraron
la figura materna,
deporte para el cual
tenían gran entrenamiento,
aquel trabajo
les había sido encargado
más de mil veces,
se manejaban como peces en el agua,
para aquellos tiranos
borrar vínculos biológicos
era tan rutinario
como atarse los cordones de las botas.

Esta vez la misión era desafiante,
porque deberían desaparecerla viva,
a ella,
la madre,
deberían desaparecerla
de las memorias
en las que había generado
trascendencia.

La enterrarían viva,
al fin y al cabo,
ya habían enterrado
a tantos muertos,
la enterrarían viva,
y según sus cálculos,
dejaría de existir naturalmente.

Total, no tenían que ver nada.

Así fue que secuestraron a la mujer entre cuatro,
eran dos hombres y dos mujeres vestidos de civil,
le pusieron una venda negra.

La fosa estaba preparada,
el encargado del jardín de los recuerdos
había recibido un anticipo
y la segunda parte le había sido prometida
cuando la mujer quedara
absolutamente cubierta de tierra.

No; no le habían encomendado matarla,
le habían encomendado enterrarla.

El número de la muerte,
tatuado en el brazo,
la mujer desnuda
estaba lista para la ducha con Ziklon-B.

Hasta último momento
imploró, rogó, se arrodilló,
hasta encomendó su alma
a un Señor en el cual nunca había creído,
y sus razones tenía,
razones que se constataron
cuando aquella mujer
se dio cuenta que le llegaba la hora,
y nadie se interpondría en el camino al fin.

Igual no quedaba nadie de la familia.
Apenas llegada a Treblinka,
fue separada del padre de las hijas,
y nunca más lo vio.

Las hijas desaparecieron alguna noche
de algún helado invierno,
y la mujer nunca supo cuando.
Mejor así.

Había llegado la noche y la mujer,
con una resistencia importante,
sacó la cabeza de adentro de la arena.

Desesperada respiró,
y llenó sus pulmones,
y los llenó calculando
el aire de cuatro vidas,
más vale que sobre y no falte.

La mujer había salido de la arena.
Caminó sigilosa,
no sea cosa que se dieran cuenta,
y todo volviera a foja cero.
Alguen le dio un trozo de sábana,
"confórmate con esto"-
secamente le dijeron aquellos aldeanos,
que no querían saber nada
de lo que ocurría en aquellos campos,
que habían venido a interrupir
su monótona y pueblerina existencia.

La mujer deambula por el bosque
envuelta en una sábana.
Ya perdió la noción del tiempo,
no tiene memoria reciente,
sí recuerda el día,
aquel día que los vio por última vez,
al bajar del tren.

Quien sabe;
quizá habrían sobrevivido,
ojalá,
pensaba aquella mujer,
"no importa si es lejos de mí,
lo importante es que se salven".

Los primeros cincuenta años habían concluído.
Una etapa había terminado.
Los segundos cincuenta
serían diametralmente opuestos,
y la mujer, desaparecida viva.

Esa fue la intención.
El encargado del jardín de los recuerdos,
recibió al día siguiente tal como había sido convenido,
la segunda parte del pago.

Ellos no saben que la mujer sobrevivió.
No sería ni la primera ni la última,
seis millones murieron, y ella tuvo suerte.

Lo más importante era preservar la vida,
después vería cómo seguiría.

Ha pasado un año.
La mujer sobrevive.
Aún no sabe qué hará
cuando salga del bosque
vestida con una sábana.

La mujer se acostubró a ese bosque,
otrora hostil, ahora hogar.
El bosque la protege.

La mujer sabe que no puede ni debe
permanecer eternamente en aquel bosque,
tan sólo vestida con una sábana deshilachada.

"Mañana salgo"-
se dice todas las noches,
antes de dormir en una improvisada madriguera,
más bien es una cueva.

Una cueva encantada.

Anna Donner Rybak © 2011

El Viajero


I.
El viajero va sediento
de dulces de barranco
y sales de médano
buscando una mujer
entre arenales y gaviotas.

II.
El niño busca
el libro en anaqueles
se sienta en el Berger
comienza la lectura
en el sillón del padre
que lo sueña poeta.

III.
Cadenas de eslabones
sedientas de misterio
inflan al crítico de hastío,
bebe con desconocidos,
y cae rendido sobre la mesa.

IV.
La mujer de manos toscas
halla el cuerpo en la taberna,
respirando inerte
en andas lo conduce
escaleras arriba
a la pieza del tugurio.

V.
Deposita el cuerpo
de dientes amarillos
dedos marrones
y aliento combustivo
en el lecho de humedales
de acrocel.
Y el mundo antiguo se hunde
en la ciudad de los canales
¿Gustav morirá?

VI.
Las hermanas hallan el cuerpo
respirando inerte sobre la grava
de una península ignorada
en andas lo conducen
al retiro en comunidad
para inventar lo que el trago le robó.

VII.
El viajero va sediento
de dulces de barranco
y sales de médano
buscando a la musa
entre arenales y gaviotas.

VIII.
Una mujer de cabello largo,
aguamarinas en los ojos
que usa un rompevientos
con bikini turquesa
tiene la certeza
de que Él no volteará para verla.
/* Efectivamente Él no volteó para verla. */

Anna Donner Rybak ©2011

Hasta Siempre Saramago.


No me extenderé demasiado, porque ya está todo dicho. Uno de mis escritores predilectos, por su LUCIDEZ, su modo tan particular de hacer esa prosa a la que nos tenía acostumbrados, con largas oraciones separadas por comas, pero cada una en-sí-misma una obra de arte.

Por eso, te homenajeo, Saramago, citando estos tres escritos:

"ME LLAMO JOSÉ SARAMAGO"

Lanzarote, 20 de Octubre de 1999.

Señor Presidente de la República Oriental del Uruguay:

Me llamo José Saramago, soy portugués, escritor y actualmente vivo en una isla del archipiélago de las Canarias. Mi mujer es española, tengo amigos en toda la América que se expresa en castellano, y también, no sería necesario decirlo, en Brasil, que habla mi lengua. Nada que cultural y socialmente importe al mundo iberoamericano me es extraño. Pertenezco a ese mundo com pertenezco a la aldea donde nací. Soy Premio Nobel de Literatura, pero no le escribo desde esa condición. Ni siquiera tengo la certeza de que sea por escribir libros por lo que me dirijo al presidente de la República del Uruguay. Querría que esta carta fuese leída sólo porque contiene palabras de un hombre a otro hombre.

Es cierto que soy escritor, es cierto que soy Premio Nobel, pero eso viene en segundo y tercer lugar. Y no lo digo por modestia; lo digo porque únicamente en los seres humanos (por desgracia, no en todos) el sentimiento de humanidad puede existir y resistir.

Ese sentimiento es el que guía estas palabras. Juan Gelman, el gran poeta argentino, uno de los mayores que el mundo tiene hoy, busca, desde hace años, a su nieto nacido en 1976, en Montevideo, adonde los esbirros de la dictadura militar, en una operación más del Plan Cóndor, transportaron a la madre embarazada. El padre de ese niño o de esa niña apareció muerto en Argentina, asesinado, con un tiro en la nuca. De la madre nada se sabe; su rastro se pierde en un centro clandestino de detención de Montevideo, capital del país del doctor Julio María Sanguinetti.

Si está vivo, el nieto de Juan Gelman tiene hoy 23 años. ¿Dónde se encuentra? El presidente de la República Oriental del Uruguay no se llama Juan Gelman, pero podría, para su infelicidad, siendo, como también es, simplemente Julio María Sanguinetti, estar ahora en la situación del poeta, es decir, buscando con desesperación a su propio nieto. ¿Que haría? Si Juan Gelman, admitamos ahora esta suposición, fuese el presidente de Uruguay, ciertamente el doctor Sanguinetti llamaría a su puerta y le diría: "Ayúdeme a encontrar a mi nieto". Y Juan Gelman, de eso tengo certeza, pondría toda su autoridad al servicio de esa justicia.

Es lo que yo, escritor portugués, le ruego al doctor Julio María Sanguinetti: ayude a Juan Gelman, ayude a la justicia, ayude a los muertos, a los torturados y los secuestrados ayudando a los vivos que los lloran y los buscan, ayúdese a sí mismo, ayude a su conciencia, ayude al nieto desaparecido que no tiene, pero que podría tener.

No tengo nada más que pedirle, señor presidente, porque le estoy pidiendo todo.

Con el respeto debido.

Atentamente,
José Saramago

SIN PAPELES
4 de Diciembre de 1998, El Mundo

La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente, en ser, y el ser no puede ser negado. Presentar un papel que diga cómo nos llamamos y dónde y cuándo nacimos, es tanto una obligación legal como una necesidad social. Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir quiénes somos para los otros. Para eso sirven los papeles de identidad.
Negarle a alguien el derecho de ser reconocido socialmente es lo mismo que retirarlo de la sociedad humana. Tener un papel para mostrar cuando nos pregunten quiénes somos es el menor de los derechos humanos (porque la identidad social es un derecho primario) aunque es también el más importante (porque las leyes exigen que de ese papel dependa la inserción del individuo en la sociedad).

La ley está para servir y no para ser servida. Si alguien pide que su identidad sea reconocida documentalmente, la ley no puede hacer otra cosa que no sea registrar ese hecho y ratificarlo.
La ley abusará de su poder siempre que se comporte como si la persona que tiene delante no existe. Negar un documento es, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aún así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, ésos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.

Ya hay demasiada humillación en el mundo, contra ella y a favor de la dignidad, papeles para todos, que ningún hombre o mujer sea excluido de la comunidad humana.

¿Para qué sirve la comunicación?

Un gran filósofo español del siglo XIX, Francisco de Goya, más conocido como pintor, escribió un día: "El sueño de la razón engendra monstruos". En el momento en que explotan las tecnologías de la comunicación, podemos preguntarnos si no están engendrando ante nuestros ojos monstruos de un nuevo tipo. Por cierto, estas nuevas tecnologías son ellas mismas fruto de la reflexión, de la razón. Pero ¿se trata de una razón despierta? ¿En el verdadero sentido de la palabra "despierta", es decir atenta, vigilante, crítica, obstinadamente crítica? ¿O de una razón somnolienta, adormecida, que en el momento de inventar, de crear, de imaginar, se descarrila y crea, imagina efectivamente monstruos?

A fines del siglo XIX, cuando el ferrocarril se impuso como un beneficio en materia de comunicación, algunos espíritus apesadumbrados no dudaron en afirmar que esta máquina era terrorífica y que en los túneles la gente moriría asfixiada. Sostenían que a una velocidad superior a 50 kilómetros por hora la sangre saltaría por la nariz y las orejas y que los viajeros morirían en medio de horribles convulsiones. Son los apocalípticos, los pesimistas profesionales. Dudan siempre de los progresos de la razón, que según estos oscurantistas, no puede producir nada bueno. A pesar de que se equivocan en lo esencial, debemos admitir que los progresos suelen ser buenos y malos. Al mismo tiempo.

Internet es una tecnología que en sí no es ni buena ni mala. Sólo el uso que de ella se haga nos guiará para juzgarla. Y por esto es que la razón, hoy más que nunca, no puede dormirse. Si una persona recibiera en su casa, cada día, quinientos periódicos del mundo entero y si esto se supiera, probablemente diríamos que está loca. Y sería cierto. Porque, ¿quién, sino un loco, puede proponerse leer quinientos periódicos por día? Algunos olvidan esta evidencia cuando bullen de satisfacción al anunciarnos que de ahora en más gracias a la revolución digital, podemos recibir quinientos canales de televisión. El feliz abonado a los quinientos canales será inevitablemente presa de una impaciencia febril, que ninguna imagen podrá saciar. Se perderá sin límite de tiempo en el laberinto vertiginoso de un zapping permanente. Consumirá imágenes, pero no se informará.

Se dice a veces que una imagen vale más que mil palabras. Es falso. Las imágenes necesitan muy a menudo de un texto explicativo. Aunque más no sea para hacernos reflexionar sobre el sentido mismo de algunas imágenes, de las cuales la televisión se nutre hasta el paroxismo. Esto pudo constatarse hace unos años, por ejemplo, durante la última etapa del Tour de Francia, cuando en el sprint final de los Campos Eliseos asistimos en directo a la espectacular caída de Abdujaparov. Vimos esta escena como hubiéramos visto, en una calle, una persona embestida por un auto. Con la diferencia de que el auto hubiera embestido a la persona solo una vez. En la televisión, pudimos ver y volver a ver treinta veces la caída accidental de Abdujaparov. Gracias a las miles de nuevas posibilidades de la técnica: con zoom, sin zoom, en picada, en contrapicada, bajo un ángulo, bajo el ángulo opuesto, en travelling, de frente, de perfil... Y también, interminablemente, en cámara lenta.

Con cada repetición, aprendíamos más sobre las circunstancias de la caída. Pero, cada vez, nuestra sensibilidad se mitigaba un poco más. Poco a poco, volvíamos a ver esta caída con la distancia de un cinéfilo que diseca una secuencia de una película de acción. Las repeticiones habían terminado matando nuestra emoción.

Se nos dice que gracias a las nuevas tecnologías, en lo sucesivo alcanzamos las orillas de la comunicación total. La expresión es engañosa, permite creer que la totalidad de los seres humanos del planeta puede ahora comunicarse. Lamentablemente, no es cierto. Apenas el 3% de la población del globo tiene acceso a una computadora; y los que utilizan Internet son aún menos numerosos. La inmensa mayoría de nuestros hermanos humanos ignora incluso la existencia de estas nuevas tecnologías. Hasta ahora no disponen todavía de las conquistas elementales de la vieja revolución industrial: agua potable, electricidad, escuela, hospital, rutas, ferrocarril, heladera, auto, etc. Si no se hace nada, la actual revolución de la información los ignorará de la misma manera.

La información nos vuelve más eruditos o sabios solo si nos acerca a los hombres. Pero con la posibilidad de acceder de lejos a todos los documentos que necesitamos, el riesgo de deshumanización aumenta. Y de ignorancia.

De ahora en más, la llave de la cultura no reside en la experiencia y el saber, sino en la aptitud para buscar información a través de los múltiples canales y depósitos que ofrece Internet. Se puede ignorar al mundo, no saber en qué universo social, económico y político se vive, y disponer de toda la información posible. La comunicación deja así de ser una forma de comunión. ¿Cómo no lamentar el fin de la comunicación real, directa, de persona a persona?

Con obsesión, vemos concretarse el escenario de pesadilla anunciado por la ciencia ficción: cada uno encerrado en su departamento, aislado de todos y de todo, en la soledad más horrible, pero conectado a Internet y en comunicación con todo el planeta. El fin del mundo material, de la experiencia, del contacto concreto, carnal... La disolución de los cuerpos.

Poco a poco, nos sentimos atrapados por la realidad virtual. A pesar de lo que se pretende, es vieja como el mundo, como nuestros sueños. Y nuestros sueños nos han conducido a universos virtuales extraordinarios, fascinantes, a continentes nuevos, desconocidos, donde hemos vivido experiencias excepcionales, aventuras, amores, peligros. Y a veces también pesadillas. Contra los cuales nos previno Goya. Sin que esto signifique que haya que contener la imaginación, la creación y la invención. Porque esto se paga siempre muy caro.

Es más bien una cuestión de ética. ¿Cuál es la ética de los que como Bill Gates y Microsoft, quieren ganar la batalla de las nuevas tecnologías a toda costa, para sacar el máximo provecho personal? ¿Cuál es la ética de los raiders y de los golden boys que especulan en la Bolsa sirviéndose de los avances de las tecnologías de la comunicación para arruinar a los Estados o quebrar cientos de empresas en el mundo? ¿Cuál es la ética de los generales del Pentágono, que aprovechando los progresos de las imágenes programan con más eficacia sus misiles Tomahawk para sembrar la muerte?

Impresionados, intimidados por el discurso modernista y tecnicista, la mayoría de los ciudadanos capitulan. Aceptan adaptarse al nuevo mundo que se nos anuncia como inevitable. Ya no hacen nada para oponerse. Son pasivos, inertes, hasta cómplices. Dan la impresión de haber renunciado. Renunciado a sus derechos y a sus deberes. En particular, su deber de protestar, de sublevarse, de rebelarse. Como si la explotación hubiera desaparecido y la manipulación de los espíritus hubiera sido desterrada. Como si el mundo fuera gobernado por necios y como si de repente la comunicación hubiese devenido un asunto de ángeles.

José Saramago
Premio Nobel de literatura (1998).

Divina Justicia.


El sida es una “especie de justicia inmanente” que llega cuando “maltratamos la naturaleza profunda del amor humano”, declaró el jefe de la Iglesia católica belga, Monseñor André Léonard, en un escrito publicado hoy.

Aunque rechazó que el sida sea un “castigo de Dios”, debido a la liberación sexual, el primado de Bélgica señaló que “como mucho, se vería esta epidemia como una especie de justicia inmanente,
pero en absoluto un castigo”.

“Cuando se maltrata el medio ambiente, este acaba por maltratarnos a nosotros. Maltratar la naturaleza profunda del amor humano acaba siempre por engendrar catástrofes a todos los niveles”, insistió en un libro, publicado en holandés y que es una actualización de unos textos
publicados en francés en 2006.

Los propósitos del líder de los católicos belgas han provocado airadas críticas en su país. El Partido Liberal Flamenco (VLD) calificó estas palabras de “incompresibles, ofensivas e
insoportables”.

Son “un insulto para los numerosos pacientes que luchan contra la enfermedad y para las personas que les cuidan”, añadieron en un comunicado los parlamentarios del VLD, Gwendolyn Rutten y Nele Lijnen. El Partido Verde Francófono tildó las palabras de “estúpidas” y
“discriminatorias”.

En el mismo libro, Léonard muestra su oposición al fin del celibato de los sacerdotes, en un momento en el que Bélgica se han revelado en los últimos meses cientos de casos de abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos.

“Todos sabemos que la mayoría de los asuntos de pedofilia ocurren en el seno de las familias. ¿Es esta una razón para suprimir el matrimonio”, se interroga Léonard.

Fuente: Peru21.PE

Cuesta creer que existan individuos execrables, como Monseñor Leonard, que tengan la masa encefálica putrefacta, en los albores del siglo XXI.

Este ser despreciable, como Perico por su casa, opina que el SIDA es un tipo de justicia.

Además de que no existe vocablo que tenga el alcance en el diccionario de la Real Academia para adjetivar sus declaraciones, Monseñor Leonard, va en contra de sus principios cristianos de Defender la Vida.

Al aseverar Monseñor Leonard que el sida es justicia, por la propiedad transitiva, Monseñor Leonard está entonces incurriendo en una Falacia.

Razonamiento de Monseñor Leonard:

PREMISA 1) EL SIDA ES JUSTICIA.
PREMISA 2) EL SIDA ES MUERTE.
CONCLUSION) LA MUERTE ES JUSTICIA.

¿Cómo es eso, Monseñor Leonard? Ud. No está defendiendo la vida, UD. está defendiendo la muerte.

Y eso no es propio de un buen cristiano. Más bien, Ud. con esas declaraciones estaría entrando en el infierno, y está intentando trabar amistad con el Diablo.

TODA MI REPULSION PARA UD. Monseñor Leonard. Sus pensamientos son células cancerígenas de carácter maligno, y se expanden por el mundo, haciéndolo un lugar muy peligroso.

A propósito, Monseñor, ¿Será que Ud. pretende instaurar nuevamente el Santo Oficio?

DENUNCIO, DENUNCIO Y DENUNCIO.

Anna Donner Rybak ©2010

¿ No al aborto ?


Hoy me indigné profundamente al oír una discusión proveniente de la oficina vecina. El tema en cuestión, vaya novedad, el aborto. - ¡Dejáme Nacer!; un bebé regordete me sonríe con una tijera en la mano- ¡Abortar = Asesinar!, son parte de la correspondencia que vengo recibiendo d una de las implicadas, antiabortista acérrima. Los antiabortistas, caen en una falacia absoluta: para ellos, cualquier mortal que pelea por el aborto, lo hace desde un lugar placentero. Esto queda demostrado en la patética exposición de sus argumentos. - ¡Total, si el aborto se permite, todas se van a embarazar y abortar un millón de veces!- pretenden sacarme de mi error. Obvio; ni se dan cuenta por donde para la cosa. Y, a nivel general hay una gran confusión con respecto al tema. ¿Quiénes son las que se ven obligadas a hacerse un aborto? ¿Cuáles son las CAUSAS por las que una mujer llega a esa situación? Por que se le canta, no. Es por desinformación, en lo que concierne a Sexualidad.

¿Y porqué esa mujer está desinformada?

Porque en este país, el tema de la sexualidad sigue siendo un tabú, no se enseña en las escuelas y liceos como algo NATURAL, salvo honrosas excepciones.

Probablemente un elevado porcentaje desconozca que el Hospital Pereira Rosell implanta D.I.U. en forma gratuita.

Muchas de las madres niñas que quedan embarazadas, no saben qué es un preservativo ni para qué se usa. Y, ellas no tienen la culpa.

¿Quién la tiene?
EL Sistema Pacato Puritano.

Y también es una falacia que el aborto sea un tema exclusivo de la mujer. Primero y antes que nada, porque para llegar a la situación hay dos responsables: Un Hombre y Una Mujer.

A continuación, dejo un testimonio que vale más que mil palabras.

Aborto en el Uruguay
Testimonio de una infamia

Mi nombre es Rosario Echagüe y trabajo desde hace 12 años como médica en el hospital de Nueva Palmira, ciudad en la que vivo con mi esposo y mis dos hijas de 8 y 10 años. El día 14 de agosto hizo exactamente un año que viví un hecho que me conmovió de tal forma que me llevó a escribir este testimonio. Como mujer y como médica siento que debo decir lo que ocurre en nuestros hospitales, reflejo de una grave problemática de nuestro país y que podría aliviarse -en parte- con la aprobación del proyecto de ley de Defensa de la Salud Reproductiva que hoy se está debatiendo en la Comisión de Salud del Senado de la República.

Ella tenía 16 años y un bebe de 6 meses -sin padre que se hiciera cargo- que aún amamantaba por las noches. Tenía educación primaria completa y algún que otro año de secundaria. Tenía una familia numerosa y muy pobre con la que vivía y que los alimentaba a ella y a su bebé.

No tenía novio. Tenía un retraso menstrual. Tenía mucho miedo de estar nuevamente embarazada. Tenía una pastilla para matar "tucu-tucu", la tenía desde hacia tiempo. La había comprado cuando se enteró de su anterior embarazo ... pero en aquel entonces no se animó a usarla. La tenía guardada ... porque nunca se sabe!

Flavia no había tenido nunca acceso a educación sexual y reproductiva, tampoco a las "clínicas de aborto seguras". En esas condiciones un embarazo no deseado se vuelve una situación bien peliaguda. Más jodida aún, si hay problemas con el puchero en la casa. ¡Y con el tema del dólar! ... peor! Aunque Flavia nunca vio un billete norteamericano y no tiene idea de lo que es un blastómero, sintió en su barriga y en su alma el terrible efecto que ambos podían tener sobre ella y su familia.

Sólo tenía un retraso menstrual, un bebe de 6 meses y mucho miedo.

Sólo tenía 16 años.

¡Lástima! ... también tenía esa pastilla de veneno que colocó en su vagina con la idea de abortar.

La recibí en la puerta del Hospital de Nueva Palmira a las once y media de una noche triste, hoy hace exactamente un año y dos días. Hacía una hora que se había puesto la pastilla. Tenía mucho dolor de barriga, una diarrea abundante que olía muy mal y vómitos imparables. Estaba muy pálida y temblorosa, no sabía lo que le estaba pasando y tenía mucho miedo.

En la sala de espera un familión aguardaba a que yo -la médica de guardia- pudiera ayudarla. Ahora yo también tenía mucho miedo.

Llamé a cuanto médico y veterinario tuve a mi alcance. El veterinario que le había vendido el veneno -y que podía informarme el nombre del plaguicida- había emigrado, estaba viviendo en España. Los otros me daban pistas que no servían. No era un compuesto fosforado ni un anticoagulante, los síntomas no coincidían.

Dos médicos llegaron de apoyo. El ginecólogo lavó la vagina de Flavia y sacó los magros restos de veneno que aún no habían sido absorbidos, constató y me mostró la úlcera que había quedado en el lugar donde estuvo la pastilla. La médica de la emergencia móvil vigilaba a Flavia, mientras yo llamaba por teléfono a Toxicología en Montevideo en búsqueda de un antídoto o de pautas para manejar la situación.

Su pulso se iba perdiendo y su presión se hizo intomable. Comenzó a adormilarse. "Flavia no te duermas. Flavia tenés que colaborar!!" .

La médica de Toxicología estaba tan confundida como nosotras, quedó en llamar a su profesora y tratar de obtener más información.

Flavia tenía mucho frío y le dolía el pecho, su presión ya era audible, de sus brazos salían las cánulas que nos permitían pasarle suero "a baldes" y mantener su presión en 60/40. La cubrían 4 frazadas que no lograban abrigarla.

"Le duele el pecho" -me informó la madre. "Tranquila ha de ser la angustia"-proyecté. "Viste Flavia, la doctora dice que estés tranquila que ya llega la ambulancia para llevarte donde puedas estar mejor."

Había reservado cama en el CTI más próximo y mientras hacíamos el papeleo de autorizaciones, llega de Montevideo el aviso de que la sustancia era seguramente Fosfuro de Aluminio, un potentísimo plaguicida.

"¿De dónde lo sacó? -me preguntó la médica de Montevideo- no es de venta libre y además se usa en medio del campo"

"Estamos en medio del campo -le contesté.

"Mándala urgente a un CTI -y siguió dándome indicaciones para mantenerla hasta que llegara la ambulancia.

A las dos de la mañana partió rumbo al CTI de Carmelo, a sólo 20 km. Con pulso lleno, presión 70/40, despierta y algo más calientita, despedí a Flavia.

¿Cómo está?" -preguntó la madre que no pudo acompañarla porque se quedó a cuidar del bebé. "Bueno está mejor que cuando llegó y va a un lugar especializado, yo creo que va a estar bien."

Flavia hizo un paro cardíaco a las 6 de la mañana en el CTI de Carmelo. Varios médicos intensivistas y enfermeros especializados intentaron reanimarla por el lapso de 1 hora. Su corazón no pudo volver a latir.

Tenía 16 años, un bebé de 6 meses y mucho miedo. No tenía apoyo legal, ni social, ni económico, ni cultural, ni médico para afrontar con éxito la situación que le tocó vivir.

El semanario local informó ese fin de semana, que según la autopsia Flavia murió por los efectos directos del veneno y, reveló además, que no estaba embarazada.
Como mujer, como médica y como ciudadana yo me hago responsable de lo que pasó, esta muerte que por acción y/u omisión yo no pude evitar tiene que ver conmigo y me duele.


Unos meses más tarde, estaba pasando visita en sala a mis pacientes (también soy siquiatra) cuando desde una rincón una señora desconocida me llama. "Dra, dra. Echagüe, acérquese que quiero agradecerle ... Ud. trató a mi hija."

- "De nada -le respondí- ¿cómo está ella ahora?
- Está muerta doctora, yo soy la mamá de Flavia ¿la recuerda?

Del rostro de la mamá de Flavia no me recordaba, pero de Flavia, sí. Me senté a los pies de la cama y ella comenzó a llorar .... "Fue culpa mía doctora, usted hizo lo que pudo, la culpa fue mía y de los médicos de Carmelo ... ella salió de acá hablando y en Carmelo la descuidaron."

- "No doña, usted no tuvo la culpa y tampoco en Carmelo, el veneno era muy fuerte."
- ¿En serio?¿Usted está segura que hicieron todo lo posible?
- Sí, yo hablé con ellos y fue así.
- Pero yo si soy culpable, si ella me hubiera dicho ... otro bebé podíamos haberla ayudado a tener.
- Pero ella no le dijo y usted no podía saberlo.

Pensó un rato en silencio y dijo: - Yo tengo la culpa doctora, yo permití que la alcanzara la miseria"
- La culpa no es de nadie o es de todos ... pero no es suya. En este país las leyes no están hechas para ayudar a los pobres y esa es nuestra culpa y no otra.
- En esto tiene razón, a nosotros nadie nos ayuda. La noche del entierro de Flavia era un martes 13, ¿se acuerda? y nosotros creíamos que era suerte. Totó, el bebé, lloraba desesperado, extrañaba la tetita. Un tío viejo le dio a Fanny -mi otra hija- la ropa de Flavia para que se pusiera y así se durmió tranquilo, con el olor de la madre ... y así unos días hasta que se acostumbró.

Personalmente creo que cuando debatimos sobre leyes, sobre las normas que nos damos para convivir en sociedad, su discusión se enriquece y clarifica cuando la idea deja de ser abstracta y sustituimos los números y las estadística por nombres y rostros concretos. Por eso traigo esta historia y algunas fotos de Flavia, su hijo Tomás y su mamá Nelda.

Así resulta más fácil ponerse en el lugar del otro, saber que se siente en esta situación o más concretamente que sintió Flavia ese día y que la impulsó a hacer lo que hizo que finalmente, y sin que ella lo deseara, la llevó a la muerte.

Flavia a pesar de ser mamá era una adolescente, una adolescente que no sabía como controlar su fertilidad. Una adolescente que provenía de un nivel social pobrísimo.

Creo que ella pensó que no podía darse el lujo de traer otra boca más a la familia. Pero no se animó a decirlo, no se animó a consultar a nadie sobre lo que le estaba pasando y decidió sola -como creo que lo hace la mayoría de las mujeres que están en una situación similar a la suya. Flavia era casi una niña, una niña desesperada, que ya tenía un bebé, que decidió sola, decidió mal y se murió.

Ahora ..... ¿podía ella haber decidido bien? ¿Tenía ella realmente la posibilidad de elegir? Yo creo que no.

Cuando se debate sobre este proyecto de ley lo más importante -a mi entender- es tener muy presente que ahora las mujeres más humildes no tienen la posibilidad de elegir.

La ley que no permite a ninguna mujer embarazada decidir sobre la pertinencia o no de traer un hijo al mundo, en realidad, no se lo permite sólo a las mujeres pobres, las otras -entre las que me incluyo- tenemos el privilegio gracias a nuestra posición socio-económica y cultura, de elegir.

Hoy yo puedo acceder -sin mayores inconvenientes- a panificar mi vida y mis hijos a voluntad, y en caso de que quedara embarazada sin desearlo, también podría acceder a un aborto en condiciones mínimas de higiene. Incluso, si quedara embarazada sin desearlo también podría tener ese otro hijo. Tengo marido, me puedo mantener, podría tener otro hijo sin problemas económicos ni afectivos y sin que eso significara una pérdida de calidad de vida de mis otras dos hijas. Yo puedo hacerlo, y ese derecho no me lo brinda una legislación, me lo da mi situación social. Puedo defender mis derechos, incluso hasta los que me han sido negados, puedo pensar con independencia, puedo sortear o sufrir con menor intensidad la presión social de lo "que está bien y lo que está mal", de lo que es "legal o ilegal".

Pero ese privilegio no lo tienen las mujeres de escasos recursos, las mujeres sin derechos, las mujeres sin voz, las que no importan porque no tienen plata ni educación, las que no pueden defenderse, las que no pueden elegir. Porque si eligen abortar seguramente mueran desangradas, infectadas o trágicamente como murió Flavia. Y si eligen tener ese otro hijo no deseado probablemente se sumerjan más en la pobreza económica o afectiva, ellas y sus otros hijos.

La ley vigente que penaliza el aborto es -a mi entender- inútil, injusta y discriminatoria.

Inútil porque no evita que las mujeres que quedan embarazadas sin desearlo, aborten si así es su voluntad. El aborto existe -y aquellos que argumentan en contra de su despenalización siguen hablando del aborto como si no existiera, como si sólo fuera a existir a partir del momento en que una ley lo apruebe. El aborto existe desde tiempos inmemoriales, tanto donde es legal como donde está prohibido y va a seguir existiendo de todas maneras.

La ley es injusta y discriminatoria porque desfavorece -como ya dijimos- a las que menos tienen. Afecta nuestra libertad y atenta contra los derechos de las mujeres y la sufren con mayor intensidad, las más pobres.

Flavia no murió sólo por el efecto del plaguicida, ya había comenzado a morir antes ... y de puro desamparo.

Tenía 16 años y un bebé en sus brazos, pero no tenía a nadie a quien consultar, ni que pudiera ayudarla.

La ley vigente la condenó,
el poder político la desamparó,
el ser pobre la condenó,
el no saber nada sobre el tema la desamparó,

finalmente nosotros los médicos aunque intentamos hacer todo para salvarle la vida ... también la hubiéramos desamparado.

La aprobación de esta ley de Salud Reproductiva sería un salto importante en la libertad de todas las mujeres de este país y sería el comienzo del final de esta pesadilla que sólo viven -en todo su horror- las mujeres más desposeídas.

Para ellas, todo mi respeto y solidaridad.

Gracias.

Dra. Rosario Echagüe. 16 de agosto 2003 Bastión del Carmen, Colonia del Sacramento, Colonia - Uruguay.